Venus la Universal
Venus La Universal nace de una vida compartida. De una historia que empezó mucho antes de tener nombre, cuando Sara Pérez y René Barbier caminábamos el mismo paisaje —cada uno desde su casa, desde su herencia— y entendimos que el vino no era solo un oficio, sino una manera de estar en el mundo.
Venimos de dos raíces. Sara, de Mas Martinet. René, de Clos Mogador. Dos familias que han vivido el viñedo como un lugar de aprendizaje constante, y no como una receta repetida. Con los años, esta manera de mirar la tierra se fue convirtiendo en un lenguaje propio: escuchar, observar, equivocarnos, volver a empezar… y seguir.
A partir de aquí, todo fue tomando forma: el trabajo, la casa, el ritmo de las estaciones. Y también la familia. Ari, René, Leo y Gaia, nuestros hijos, forman parte de esta historia, porque este proyecto no se construye solo en la bodega, sino en la vida diaria, en el entorno que habitamos, en la mesa compartida, en el paisaje que nos acompaña.




El Montsant
Estamos en el Montsant, en este rincón del sur de Cataluña donde la montaña protege, el viento limpia y la luz cambia cada día. Aquí el viñedo nos obliga a ser honestos. Y el vino, a ser fieles.
No buscamos dominar la naturaleza: buscamos entenderla. Porque el equilibrio no se decide: se aprende. Y nosotros lo aprendemos con los seis sentidos.
Cada añada nos lo recuerda. Los desequilibrios que el trabajo convencional ocultaba aparecen cuando decides caminar con la tierra y no contra ella. Hemos perdido uva, hemos perdido tiempo, hemos perdido certezas… pero hemos ganado otra cosa: la sensación de que todo vuelve a respirar.
Y mientras dure esta restauración —esta búsqueda de leyes orgánicas, vivas, imperfectas— iremos sumando personas, ideas, caminos y preguntas. Y lo intentaremos transformar en vino.
El equipo
Venus La Universal no es solo un lugar donde se hace vino. Es una manera de vivirlo todo: el tiempo, la tierra, el trabajo y las personas. Y por eso, aunque el proyecto nace de nosotros —Sara y René— hace años que camina acompañado.
Campo
En el campo, cuidamos más de 10 hectáreas propias bajo una mirada de agroecología, buscando que el viñedo no produzca “más”, sino “mejor”. Allí están Roger, Milo, Pedro y Marc siguiendo el pulso de cada parcela, interpretando la sequía, el viento, las cubiertas vegetales, los ritmos de cada planta… y sosteniendo aquello que no se ve cuando el vino llega a una copa.
Viticultores y viticultoras
Pero Venus no se entiende solo con la tierra que trabajamos directamente. También se construye con los viticultores y viticultoras con quienes caminamos desde hace años: personas que conocen cada margen, cada piedra, cada cepa, y que han cuidado sus viñedos con una paciencia que no se puede improvisar. Con ellos compartimos una manera de hacer basada en el respeto, la confianza y la continuidad.
Bodega
En la bodega, trabajamos desde el respeto y la escucha. Aquí el vino no se fuerza: se acompaña. Marc Borja y Andreu Bonfill están día tras día con las fermentaciones, las crianzas, los trasiegos y los silencios necesarios, con René muy cerca del proceso, atento y paciente, porque cada depósito también tiene carácter, y cada añada trae su propia verdad.
Más allá del vino
Y alrededor —sin hacer ruido pero sosteniéndolo todo— existe esta parte imprescindible que permite que el proyecto respire y llegue lejos.
Montse Domenech, cuidando los números con calma y precisión.
Maria Arenas, dando forma a nuestra presencia y a nuestro relato como responsable de marketing digital.
Roger Valls, llevando la parte comercial y haciendo que nuestros vinos encuentren camino y manos allí donde tienen sentido.
Y Gemma Marco, que acompaña las visitas y la manera en que abrimos Venus al mundo, para que quien venga pueda entender que aquí no enseñamos solo vino: enseñamos paisaje, tiempo y manera de vivir. Porque Venus también es eso: un equilibrio entre lo íntimo y lo universal.