Dido La Solución Rosa
Dido Rosado es, para René Barbier, uno de los vinos más importantes que ha elaborado jamás. Un rosado nacido desde la convicción de que este color puede —y debe— expresar complejidad, identidad de lugar y capacidad de guarda, igual que los grandes blancos y tintos.
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El vino nace de la idea de trabajar grandes viñedos con la máxima exigencia, alejándose del concepto histórico del rosado como vino sencillo o subproducto. Aquí, el rosado se piensa, se prueba, se ajusta y se afina durante años.
La base del vino es la garnacha, que constituye la mayor parte del coupage. Se escoge esta variedad por su profunda mediterraneidad, por ese concepto de vino cálido, luminoso y del sur del Mediterráneo, que define el carácter del rosado y le da amplitud y expresión.
El macabeo actúa aportando estructura y capacidad de envejecimiento. La cariñena introduce tensión mineral, menor graduación alcohólica y más acidez. A eso se suma un tempranillo viejo plantado sobre granito, que aporta frescura y equilibra el conjunto, cumpliendo un papel similar al que el xarel·lo de granito juega en los blancos.
La vinificación se realiza íntegramente en maderas muy viejas, con fermentaciones en barricas usadas y una crianza larga —entre 16 y 20 meses— en fudres centenarios del Mosela. Este trabajo con madera antigua no busca marcar el vino, sino rustificarlo, darle profundidad, textura y un carácter reconocible año tras año.
El resultado es un rosado mediterráneo, complejo y profundamente gastronómico, con una notable capacidad de guarda. Un vino que se ha ido perfilando con el tiempo y que hoy emociona por su identidad, su energía y su manera de reinterpretar el rosado desde el origen.
Dido Blanco
Dido Blanco es la expresión del aprendizaje y la evolución continua. Un blanco mediterráneo construido a partir de tres variedades y dos caminos de elaboración que convergen en un vino complejo, vibrante y gastronómico.
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El macabeo, inicialmente percibido como una variedad neutra, se convierte aquí en protagonista gracias a viñedos viejos en suelos calcáreos de Guiamets. La garnacha blanca refuerza el volumen y la calidez del conjunto, mientras que el xarel·lo, procedente de suelos de granito, aporta frescura, tensión y equilibrio alcohólico. A pesar de ser minoritario (15–20%), este xarel·lo es clave en la armonía final del vino.
Con el tiempo, la elaboración ha evolucionado hacia un enfoque combinado: Una parte del macabeo se elabora mediante fermentación completa con pieles, con maceraciones de una a dos semanas, que aportan estructura, rectitud y profundidad, reduciendo el protagonismo de la fruta y afinando el perfil del vino. El resto se elabora por prensado directo, con fermentaciones lentas y largas crianzas sobre lías.
Las crianzas se realizan en maderas usadas, de diferentes tamaños, y culminan con un ensamblaje en hormigón, donde el vino permanece aproximadamente 10 meses más. En total, el Dido Blanco pasa entre 16 y 18 meses de crianza, buscando profundidad sin perder vivacidad. Es un vino mediterráneo, marcado por la zona cálida de Guiamets, pero afinado hacia un perfil más preciso, complejo y gastronómico, con fruta contenida, textura y una clara vocación de guarda.
Dido Tinto
Dido Tinto es la puerta de entrada al universo de Venus La Universal. Un tinto basado mayoritariamente en garnacha, procedente principalmente de suelos graníticos, que busca frescura, luz y equilibrio natural.
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Aunque el granito y la garnacha dominan el conjunto, el vino no es monolítico: una parte procede de suelos calcáreos, otras variedades complementan el coupage y una fracción se cría en recipientes diferentes del cemento, como barricas viejas o fudres. Esta diversidad permite construir un vino más completo sin perder identidad.
El granito, para René, da vinos con menos color, menos peso y más frescura, y es aquí donde se sitúa el carácter de Dido Tinto: un vino fácil de disfrutar, sin excesos de alcohol ni estructura, pero con suficiente profundidad para evolucionar bien con el tiempo.
La crianza es cada vez más larga, afinando el vino sin endurecerlo. El resultado es un tinto luminoso, equilibrado y honesto, que refleja el lugar donde se cultiva el viñedo: un entorno más fresco, más fácil y más amable, donde el equilibrio se alcanza de manera natural.
Venus de Cartoixà
Venus de Cartoixà es un vino singular y esencial dentro del proyecto. Un blanco elaborado exclusivamente a partir de viñedos viejos de xarel·lo plantados sobre granito, una combinación poco habitual y extraordinariamente expresiva.
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Los viñedos, con una parte de más de 30 años, provienen de una selección clonal muy especial, que se cree emparentada con el xarel·lo del Penedès. Desde su origen, el vino se concibió bajo el principio de cero adición, sin sulfitos ni correcciones, como un vino natural en el sentido más puro.
La combinación de xarel·lo y granito da lugar a un vino muy estable, equilibrado y sereno, alejado de perfiles extremos o “funky”. A pesar del clima cálido, el granito aporta una frescura constante, vibración y energía.
Es un blanco mineral, profundo y preciso, que se expresa con claridad y que, con el tiempo, ha ido definiendo un perfil cada vez más clásico y atemporal.
Venus de la Figuera
Venus de la Figuera nace en uno de los pueblos más singulares de la DO Montsant. Situado entre los 500 y 600 metros de altitud, la Figuera se caracteriza por suelos calcáreos con arcilla roja, extremadamente minerales.
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El viñedo se encuentra en la parte alta de la meseta, directamente sobre la roca madre calcárea. Es un suelo exigente, que puede aportar dureza si se trabaja de manera agresiva. Por ello, la vinificación evita el pisado y apuesta por maceraciones largas y suaves, preservando la finura de la garnacha.
El vino envejece durante unos 20 meses en ánforas de Miravet, una crianza que respeta el carácter del lugar y permite una evolución lenta y precisa.
La garnacha de la Figuera es única: de color más ligero, con un clon propio del pueblo que se ha intentado reproducir en otros lugares sin éxito. El resultado es un vino delicado, mineral y profundamente identitario, uno de los grandes tesoros del proyecto.
Venus
Venus es el vino que da nombre al proyecto y representa una búsqueda consciente de belleza, interpretación y sensibilidad, un vino que nace desde una mirada diferente, ligada a la idea de feminidad en el vino.
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A partir de 2018, un embotellado retrasado accidentalmente abrió la puerta a una nueva dirección: crianzas cada vez más largas, explorando hasta dónde puede llegar el vino sin perder fluidez. Hoy, Venus pasa cerca de 38–40 meses de crianza, combinando depósitos troncocónicos, fudres ovales muy viejos y una larga estancia final en cemento.
Lejos de endurecer el vino, este proceso lo va desnudando, perdiendo capas de color y peso, ganando estabilidad, profundidad y armonía. Las maceraciones, muy largas (hasta 100 días), se realizan sin pisado, permitiendo una extracción suave que pule el vino desde dentro.
La cariñena juega un papel clave por su carácter fresco, compensando suelos cálidos y profundos, y permitiendo estas elaboraciones extremas. El resultado es un vino poco común hoy en día: complejo, fluido, gastronómico y profundamente elaborado, más cercano al espíritu de los grandes vinos clásicos que a los perfiles afrutados inmediatos.